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Los Macbuenos 2002-02-27

Qué significa ser malo? ¿Cómo son los malos? ¿Gracias a qué característica los distinguimos? Hubo un tiempo en que no había dudas: al malo le calabas al cabo de pocos minutos, por no decir al instante. A Bela Lugosi, por ejemplo, que ya de pequeño era malo con ganas, o a los Hermanos Malasombra, que eran malos de verdad, eran como una espina que sólo sabía pinchar. También estaba James Cagney, que además era bajito y con mala leche, aunque es cierto que quería mucho a su mamá y que hizo lo que hizo, subido a la torre de petróleo de "Al rojo vivo", para homenajear la memoria de ella y para redimirla de tanta vida de sufrimiento al lado de un hijo histérico, edípico y mafioso.

Cada vez nos ha costado más distinguir a los malos y a sus secuaces. De esta manera, hemos visto películas más intrigantes pero también nos hemos encontrado más desamparados, sin saber a qué árbol arrimarnos hasta el final de la cinta. Y, si no, que se lo pregunten a David Mamet, excelente dramaturgo y hábil director, que jugó con una pobre psiquiatra (y con todos nosotros, en "La casa de los juegos") hasta hacernos creer que Joe Mantegna era un buen tipo cuando en realidad no era ni mucho menos de fiar.

También es cierto que aun hay malos reconocibles, como los que no pueden ser sino malos, por culpa de algún defecto físico, una verruga en los dientes o algo así, como aquel monstruo de "Moonraker" que perseguía a James Bond hasta la mismísima luna. O malos a los que identificamos casi de inmediato porque están encerrados en prisión incluso antes de empezar a rodar y porque, una vez entre rejas, sonríen cínicamente mientras con un palillo se limpian la boca de los restos de su última comilona psicópata. Es el caso del enorme Hannibal Lecter, a quien le sale la carne humana por las orejas.

En Italia han dado por fin con una fórmula mágica que ayuda al espectador a distinguir y apreciar la bondad allí donde se halle. En unos tiempos en que ya ni los indios son siempre sanguinarios ni las rubias necesariamente peligrosas, Riccardo Stagliano, en "La Repubblica", asegura que los malos lo son porque siempre usan PC en sus acciones criminales mientras que los defensores de la justicia se decantan irremediablemente por los Mac. Stagliano aduce pruebas irrefutables: imágenes de "Misión imposible", escenas del musculoso Schwarzenegger o del no menos atleta Jean Claude van Damme, e incluso una serie de la Fox, "24", en la que unos buenos utilizan sorprendentemente un PC hasta que en el capítulo siguiente se descubre que no eran tan buenos sino espías al servicio del Mal, es decir, genéticamente usuarios del entorno Windows.

La teoría es excitante y casi no tiene fisuras. Es un argumento más para todos aquellos para quienes el Mac es mucho más que un ordenador: una filosofía de la vida, una religión. No solamente se trata de tener los diseños más atrevidos, de ser los primeros en sacar la cabeza por la ventana, de ser los más coloristas y los más independientes. Ahora, también son los buenos de la historia. Sólo se me ocurre pensar que el mecanismo funciona únicamente si se trata de películas de serie negra cibernética. Con los indios sanguinarios creo yo que la cosa no iba a funcionar. Y con según qué rubias sin "e-mail" tampoco.

JOSEP MARIA FONALLERAS
La Vanguardia, 24/02/2002

Enviado por pipodols a las 10:46 | 1 Comentarios | Enlace


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Comentarios

1
De: juan bala Fecha: 2002-02-27 16:05

colega, estoy de acuerdo yo soy de los buenos, pues.



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